Viajar entre montañas 

Mi nombre es Ana Escobar, tengo 24 años y hace unos años que vengo buscando una motivación, por así decirlo, para poder seguir con la rutina del día a día de mi trabajo y la facultad. Vivo en Buenos Aires entre montañas de cemento. 

Hace dos años atrás, después de haberme separado de mi novio, unas amigas me invitaron a un viaje al sur del país. 

Primer parada: Bariloche. Y ahí es donde todo empezo. Ese primer viaje, comenzando por Bariloche, me abrió las puertas a nuevas experiencias como el realizar los refugios de montaña, trekking por los cerros, el llegar a un refugio luego de haber caminado por varias horas. Escalada en roca, conocer mi lugar en el mundo: Refugio Emilio Frey, ubicado en el Cerro Catedral a 1700 metros snm. Dibujar. Empece a dibujar cada paisaje que veía, cada montaña que pasábamos. Cada refugio al que llegábamos. Mis dibujos siempre retrataban ese momento en el que estábamos. 

Siempre acompañada por amigos. Mis amigos. Y no solo los que venían conmigo desde Buenos Aires, sino que los que me fui haciendo en el camino. Hoy en día, tengo amigos a los que suelo visitar en el sur, otra excusa para pegarme una escapada a las montañas.

El año pasado, para mi cumpleaños, pleno Agosto, a mi mejor amigo se le ocurrió invitarme a festejar mi cumpleaños en mi lugar en el mundo. En el Frey. Una locura, ya que, aunque el sendero este abierto durante todo el año, es un camino que con nevadas es muy complicado. Aun así, nos preparamos con los necesario, tomamos todas las medidas necesarias y nos tomamos un avión rumbo a Bariloche. El 19 de Agosto, después de una nevada intensa, de frió. de ver paisajes sacados de cuentos, me cantaron el feliz cumpleaños en el refugio. Compartimos una taza de chocolate y hablamos de los viejos escaladores que solían subir al Frey a practicar el deporte. Fue una experiencia única, que planeo repetirla este año.

El refugio Frey es totalmente mi lugar en el mundo. Fue el primer refugio al que subi, fue el primero al que llegue super cansada pero super feliz de haber logrado mi objetivo de llegar. El refugio tiene un algo que solo se siente por el que logro subir hasta ahí. 

Las noches en el Frey son mágicas. Literal dormís bajo un manto de estrellas enormes. 

El mejor momento, para mi, es cuando llegas y te cambias los borcegos de trekking por un par de zapatillas cómodas y te sentas a la orilla de la laguna Toncek a disfrutar de una taza de café o un mate. 

Descubrí que el outdoor y los caminos de montaña me llenaban el corazón de algo que todavía estoy tratando de descubrir. 

He llorado en subidas muy difíciles. Tengo una rodilla operada y a pesar de muchas veces sentir dolor, pude llegar a mis objetivos. 

Este verano tuve la oportunidad de conocer tres de los refugios de El Bolsón. Emprendimos el viaje con mis amigos nuevamente, nos preparamos con lo necesario y pasamos una semana en la montaña, lejos de señal de teléfono, lejos de los ruidos de la ciudad y lejos por sobre todas las cosas, de preocupaciones banales. Aprendimos lo que significa la palabra “hospitalidad” para la gente de El Bolsón

Nuestro primer refugio fue El Cajón del Azul, nos costo seis horas aproximadamente llegar. Pero logramos tirarnos desde unas piedras y sentir el agua congelada entumecer nuestros músculos. Seguimos camino hasta el refugio El Retamal. 40 minutos mas de caminatas, en subida atravesando un bosque super tupido. No voy a negar que llore. Me dolía la rodilla, pero ahí estaba mi mejor amigo para decirnos que no nos queda nada para llegar. Siempre nos alentaba a seguir. Y llegamos. 

Una vez mas, conocimos la hospitalidad en primera persona de los refugieros del lugar. Lo que tienen los refugios, es la posibilidad de conocer personas que respetan a la naturaleza y persiguen el mismo impulso por seguir avanzando en los caminos. Las noches son de compartir una cena entre los que dormimos en la cabaña, hablar de las experiencias durante la caminata, los datos curiosos, reírnos de algo que nos haya pasado. De ayudarnos entre los que estamos ahí. 

No cambio por nada un amanecer en la montaña. Ver como van cambiando los colores que se reflejan en la piedra. 

De estos viajes me quedo con un montón de experiencias. La montaña responde a mi búsqueda de felicidad. Una frase super cliché que vemos en muchos blogs de montañas jaja. Pero realmente es así. Encontré en mis viajes por la montaña un sin fin de experiencias y de motivación. Encontré mi gusto por dibujar, hoy en día dibujo para una marca de Bariloche que se dedica a la ropa de montaña. 

Seguimos planeando viajes por el sur argentino, y seguimos buscando la motivación que nos mantiene el día a día en la oficina. Es como decía Jack Kerouac: “Porque al fin y al cabo no recordaras el tiempo que pasaste en la oficina, sino el tiempo que pasaste subiendo esa montaña”.
Hoy en día, me dedico a escribir y contar de los refugios que voy conociendo y subiendo fotos y dibujos de mis pasos por allá. Espero que a alguien algún día les sirvan esos datos que voy recolectando durante los viajes. 

SOCIAL MEDIA

Instagram: @annaescbr

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