Madrid 

Soy Lucía de Prohibido no Viajar.

En 2015 me mudé a Madrid. En un mes estaba viviendo en un pueblo chiquito de Argentina del que nunca me había alejado demasiado y al mes siguiente armaba un hogar a 12000 kilómetros de distancia en una capital Europea. Al principio me parecía gigante, inmensa. Sentía que todo estaba lejos de todo, que las distancias eran eternas. Con el tiempo fui conectando puntos y me di cuenta de que en realidad es mucho más pequeña y acogedora de lo que parece, que era posible caminar por esas minúsculas y enredadas calles de los barrios madrileños sin perderme, o que perderme tampoco era tan mala idea.
De todas las capitales que visité desde ese entonces, sin duda Madrid es mi preferida. Se me clavó en el corazón y se quedó con un pedacito de mí.

Guardiana de mí adorada dieta mediterránea, calurosa en verano como pocas y con su envidia de mar, no puede decirse que Madrid le falta algo, lo tiene todo, todo lo que se le puede pedir a una ciudad: paisajes, cultura, gastronomía, historia, diversión.



Madrid para comerla:

De a poco fui descubriendo todas esas cosas que amo de la capital española: al principio fue evidente que ahí se comía bien. Ni bien puse un pie en la ciudad comencé a ver los clásicos negocios decorados con patas de cerdo. Al principio me volvía loca para sacarles fotos a todos, después me di cuenta de que eso se convertiría en un paisaje diario, nada sorprendente para un lugar que es famoso por su “Museo del jamón”, ¿No?. También que usan aceite de oliva en todo, aceite del bueno y tan rico como pocos otros en el mundo. Con pan, con tomate, con queso, con papas. Con lo que venga va a quedar bien.

Más tarde descubrí el arte de los bocatas (sandwichs, para simplificar). Solo de jamón y solo de queso, o de ambos. De tomate con aceite, de tortilla y hasta de rabas, o como le dicen acá: de calamares. También aprendí que algo tan simple como unas papas con salsa pueden ser sublimes si esa salsa es alí-olí o brava.

La gastronomía fue una de mis partes favoritas de España, y no es tan fácil poder decir que de entre todas esas delicias podría elegir una; pero si tengo que arriesgarme, para mí no hay nada como las patatas con chistorra. Es un pecado no poder habérmelo llevado en el avión a Argentina.

Madrid para descubrirla:

También descubrí que en Madrid siempre hay algo para hacer. Cuando ya crees que conociste lo mejor de la ciudad, quedan esos lugares menos conocidos y que suelen quedar ocultos a los turistas. Y aún después de eso, Madrid todavía guarda sorpresas. Como el parque en donde se encuentran algunos bloques del muro de Berlín, la ermita decorada completamente por Goya en donde también yacen sus restos o el enorme parque producto del capricho de una duquesa. Y moviéndome a su alrededor encontré caminos por las sierras, bunkers de la guerra civil, los restos de una pequeña ciudad romana y diques que emulan bastante bien las tan deseadas playas en el verano español.

Y cuando te canses de pasear o comer, podes frenar en cualquier cafetería y pedirte un chocolate con churros, un manjar que parece bastante común pero que allí se convierte en un espectáculo único.

Mi joya oculta (o al menos desconocida por mucha gente) eran las murallas de la ciudad antigua, un retacito de historia que bordean las entrañas de Madrid y desde donde se consiguen las mejores postales de la Almudena, que desde ese ángulo deja ver toda su belleza.


Madrid para disfrutarla:

Un montón de autos, luces, negocios, gente que viene y va. Lo primero que se nos viene a la mente cuando pensamos en una gran ciudad, en especial si es capital. Y es verdad que a veces Madrid puede ser así y mostrar su cara más cosmopolita, pero tampoco es difícil encontrar oasis de tranquilidad para escapar del ritmo de la ciudad y respirar aire puro rodeado de verde.

Madrid tiene un pulmón que es el Retiro, pero también tiene un puñado de parques que esperan a ser descubiertos. Desde la tetas de Vallecas se ve toda la ciudad, desde el Capricho podes perder incluso el sonido de los autos, y en casa de Campo hasta es posible olvidarnos que estamos rodeados de edificios y asfalto.

Y basta moverse unos minutos para estar sintiendo en la cara el viento de la sierra o sobre un pico nevado haciendo sky.

Mi paraíso fue el Templo de Debod en el parque del Oeste. Ese a donde llevaba a cualquiera que esté de visita, al que le saqué medio millón de fotos, el que me quedaba lejos pero al que iba cada vez que podía.

Madrid para vivirla:

Haber vivido en un lugar te da la oportunidad de conocer incluso esos aspectos pocos conocidos y tan de los locales que quedan ocultos para el que solo está de paso: las fiestas, las costumbres, la gente. La amabilidad y sencillez de los madrileños es el verdadero tesoro de la ciudad, como también las fiestas regionales tan regulares, donde todos salen a la calle vestidos de chulapos y chulapas a cantar y a bailar un chotis y comer algo por ahí para festejar el día de San Isidro o de la Virgen de la Paloma.



SOCIAL MEDIA

Instagram: @prohibidonoviajar

Blog: www.prohibidonoviajar.wordpress.com 

Anuncios

3 Replies to “Madrid ”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s